ESAS
CALLES
Estas calles solitarias se encontraban
en las tardes de niebla y armonía.
Piedra dura que helaba mis entrañas
en la ruta cotidiana de la infancia.
Rara estela marrón nos envolvía
piedrecillas golpeándonos las
piernas:
era el viento, compañero y
enemigo si bajabas o subías
por el pueblo.
Cuadratura perfecta era esta esquina,
con Ramiro cobijando al viajante,
el Almacén La Boca, los tractores
de Ribeca,
la abuela Luisa, cocinando la esperanza.
Opacas luces reverberaban en la nevisca
penetrante.
Temerarios árboles nocturnos
silbaban en mi patio
mientras lucían en el día
los frutales tan deseados.
No me dejes, memoria, abandonada,
pues quiero revivir en mi retina los
pasos del obrero
camino al frigorífico al centinela
mudado de gris,
en la guardia carcelaria,
los delantales blancos con los cuentos
soñados
en los portafolios de cuero.
Barrio mío al que vuelvo pues
tus esquinas ventosas aún transito
aún observo aún recuerdo
y no dejo al olvido que me robe los
días felices que, entonces,
señalaron mi futuro por tus
calles.