El autor Vicente Herrera Márquez
oriundo de Las Heras,
entre los años 1954
y 1957 estudió en la
Escuela Fábrica Nº
144 de Río Gallegos.
Desde hace muchos años
reside en Santiago de Chile
RIELES
Amigos de antaño, pequeños
ilusos,
en mi viaje los revivo y los
recuerdo.
Bandada de purretes, hermanos
del viento,
entre flores de cardo y espinas
de calafate.
Trepando fardos de lana, soñando
horizontes,
jugando en los patios de la
estación.
Recuerdo que un día
con calor de enero,
ayudando a ovejeros a embarcar
animales,
nacieron las ansias de querer
viajar.
Con cien remolinos de polvo
en el aire,
agitando un pañuelo
y un beso a María,
como las ovejas, en tren,
me fuí por los rieles,
a beber distancias y andar
esperanzas,
a sembrar letras e hilar palabras,
para que los años las
pongan en versos.
Los tiempos pasaron, los trenes
se fueron.
Transpiré caminos,
derramé semillas.
La herrumbre implacable corroyó
el acero.
Caminé las sendas que
anduvo Neruda.
La nieve y la escarcha degradaron
durmientes.
Coseché amor y amistad,
prolongué mi apellido.
Pagué con cariño,
amargura y olvido también...
Andenes y estaciones se los
llevó el viento.
Extinguí mi fuego con
cuerpos candentes.
La sierpe de acero agoniza
en las pampas.
Amigos de antaño, románticos
viejos,
de cerviz doblada desafiando
al viento.
Después de beber el
zumo de todas las vides
y libar el néctar de
muchas Marías
busco en la maraña
de rutas del mundo
la vía de hierro que,
al pago, me lleve otra vez..
Con mi valija repleta de puros
poemas,
y las manos abiertas, gastadas,
vacías,
por la misma senda brillante
de acero, un día, cualquiera,
a Las Heras quisiera volver.
Y con calor de enero o lluvia
de abril,
en un andén remozado,
abrazar a René, a Vicente,
al Caco, a la Lyla, y al turco
Chaín.
También en un patio
de la vieja estación,
festejar con asado al palo
y vino en porrón.
Y que estén con nosotros
los niños de hoy,
agitando pañuelos,
saludando la vuelta del tren.